Entre las personas que han llegado hasta nosotros, están aquellas que vienen buscando una salida. Ellas tienen problemas sentimentales, de salud, familiares, económicos, en fin, son problemas circunstanciales y la mayoría está así. Entre estas personas están las que entregan su vida a Jesús y entienden la propuesta del Evangelio. Porque Jesús no vino solamente a curar y liberar, sino también a salvar, y eso engloba todas las cosas, inclusive la salvación del cuerpo físico.
Están las personas que buscan la solución de sus problemas, pero también existe otro tipo, la que se está convirtiendo, aceptando a Jesús, adaptándose a la Palabra de Dios y bautizándose en las aguas.
Sin embargo, esas personas, que empatan con las que están llegando por primera vez, reciben las Sagradas Escrituras, las aceptan, comienzan a leerlas y cambian sus costumbres por las enseñanzas bíblicas. Entonces tenemos esas dos mayorías.
El otro tipo de persona es aquella que ya se liberó, tuvo un encuentro con el Señor, fue bautizado en las aguas y en el Espíritu Santo y tuvo su vida transformada. Estas personas son poquísimas y esa es nuestra mayor tristeza, porque apenas algunas personas, un porcentaje muy reducido, tuvo la vida transformada. Infelizmente es esa la realidad.
Ahora, ¿cuál es la propuesta de Dios? ¿Qué quiere Él de nosotros? Dice el Texto Sagrado:
“El espíritu del Señor Dios, está sobre mí, porque me ha ungido el Señor. Me ha enviado a predicar buenas noticias a los pobres, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos y a los prisioneros apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad del Señor…”, (Isaías 61:1, 2). Nosotros tenemos esa incumbencia, pero queremos ver en la vida de las personas lo que un día sucedió con nosotros: la transformación. Usted necesita nacer de nuevo, de lo contrario, estará irremediablemente perdido.
Que Dios bendiga a todos.
