Transformación de vida

Entre las personas que han llegado hasta nosotros, están aquellas que vienen buscando una salida. Ellas tienen problemas sentimentales, de salud, familiares, económicos, en fin, son problemas circunstanciales y la mayoría está así. Entre estas personas están las que entregan su vida a Jesús y entienden la propuesta del Evangelio. Porque Jesús no vino solamente a curar y liberar, sino también a salvar, y eso engloba todas las cosas, inclusive la salvación del cuerpo físico.


Están las personas que buscan la solución de sus problemas, pero también existe otro tipo, la que se está convirtiendo, aceptando a Jesús, adaptándose a la Palabra de Dios y bautizándose en las aguas.


Sin embargo, esas personas, que empatan con las que están llegando por primera vez, reciben las Sagradas Escrituras, las aceptan, comienzan a leerlas y cambian sus costumbres por las enseñanzas bíblicas. Entonces tenemos esas dos mayorías.


El otro tipo de persona es aquella que ya se liberó, tuvo un encuentro con el Señor, fue bautizado en las aguas y en el Espíritu Santo y tuvo su vida transformada. Estas personas son poquísimas y esa es nuestra mayor tristeza, porque apenas algunas personas, un porcentaje muy reducido, tuvo la vida transformada. Infelizmente es esa la realidad.


Ahora, ¿cuál es la propuesta de Dios? ¿Qué quiere Él de nosotros? Dice el Texto Sagrado:


“El espíritu del Señor Dios, está sobre mí, porque me ha ungido el Señor. Me ha enviado a predicar buenas noticias a los pobres, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos y a los prisioneros apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad del Señor…”, (Isaías 61:1, 2). Nosotros tenemos esa incumbencia, pero queremos ver en la vida de las personas lo que un día sucedió con nosotros: la transformación. Usted necesita nacer de nuevo, de lo contrario, estará irremediablemente perdido.


Que Dios bendiga a todos.

El verdadero cristiano

Usted sabe que nosotros, los cristianos, los que fuimos lavados en la sangre de Jesús, somos sacerdotes, de acuerdo a lo que dice el apóstol Pedro, dirigido por el Espíritu Santo. La función del sacerdote es ofrecer a Dios ofrendas de sacrificio. Esa es nuestra obligación delante de Dios, pero no sólo como ofrendas económicas, porque es fácil tomar del bolsillo un billete de cien pesos y darlo. Él espera mucho más del ser humano, pero no respecto al dinero, y sí sobre su conducta.


Por ejemplo, cuando el hombre se casa, la esposa fue la ofrenda de Dios para él. Ella es su auxiliar, entonces todo lo que usted hace para ella está haciéndolo para el propio Dios. Y lo mismo sucede en relación al marido. Todo lo que la mujer hace para el esposo lo está haciendo para Dios.


Aquello que usted deposita en el altar representa su lealtad para con el Padre, su amor hacia Él. Todo lo que nosotros hagamos tiene que ser lo mejor, sea para la esposa, el marido, la obra en la Iglesia, etc. Nosotros tenemos que ser ejemplos, porque somos seguidores del Señor Jesús, somos Sus referentes aquí en la Tierra.


Somos el Israel de Dios para el mundo incrédulo en el que vivimos. Nuestra responsabilidad va mucho más allá de aquello que pensamos y de cómo procedemos. Muchas personas conocen la Palabra de Dios, pero viven una vida miserable y mezquina por haber despreciado la ofrenda de Dios.


Él nos cobra santidad, seriedad, honrar nuestra palabra, lealtad, fidelidad, no solamente hacia Dios sino hacia las personas que conviven con nosotros. Es lo que dice la Ley de Dios. El primer Mandamiento es: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente”, (Mateo 22:37); el segundo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, (Mateo 22:39). Su prójimo es su padre, madre, hermano, esposo, esposa…


A veces usted no tiene la familia bendecida porque no trata bien a su esposa, o a su marido, entonces cree que el camino más fácil es el divorcio. Usted tiene una gran responsabilidad para con Dios, nosotros no estamos jugando con la fe, estamos hablando de vida, y vida en abundancia, pero eso también depende de nuestra ofrenda delante de Dios.


Que Dios bendiga a todos.

La alegría del Espíritu Santo

Cuando la persona nace de Dios, lo primero que sucede es un llanto de alegría, al igual que cuando un niño nace y el médico lo toma por las piernas y le da un golpe en la cola. Cuando nacemos del Espíritu Santo, hay un llanto de alegría, un gozo; e incluso entre los problemas y las situaciones difíciles tenemos paz. Aunque el mundo se esté derrumbando sobre nuestras cabezas, tenemos paz, porque es algo que que Dios hace y está en nuestro interior.
Usted puede hasta entender esto, pero sólo lo sabrá realmente cuando lo experimente. Y eso es lo que tiene que suceder.
Cuando nacemos del Espíritu hay paz perfecta, y, junto a ella, viene la alegría del Espíritu Santo. No es nada forzado o manipulado, sino algo que viene de lo alto, invade su ser y, donde sea que esté, le da esa paz, porque nunca se irá de su interior.
Nosotros, los de la IURD, somos muy perseguidos, y yo particularmente soy muy calumniado en todo el mundo. Pero duermo tranquilo, tengo paz, y creo que usted puede sentir esa paz en mis palabras.
Y hay más: cuando la persona tiene ese nuevo nacimiento, cuando nace de Dios, tiene un brillo diferente en los ojos, diferente al de las personas que no lo tienen. Cuando usted nace del Espíritu Santo se convierte en la persona más feliz del mundo. Y es eso que quiero para ustedes: que sean felices. Pero esa felicidad no depende de mí, depende de que nosotros prediquemos, hablemos y estemos con ustedes; pero por sobre todo eso depende de su actitud.
Depende de que usted dé un giro de 180º y empiece a andar, oponiéndose a sus deseos y satisfaciendo los deseos de Dios.
Que Dios bendiga a todos.

Asumiendo la fe

Cuando digo “que Dios te bendiga”, esa bendición está sujeta a la fe que la persona tiene de que el Señor va a hacer exactamente aquello que prometió.
También es importante verificar que, para que Dios bendiga su vida, Él no depende solamente de una creencia teórica, sino de que usted asuma esa certeza, y asumir la creencia es como un matrimonio. Usted asume el compromiso con quien ama y comienzan a vivir el uno para el otro, de allí viene la construcción del hogar. Ahora, con Dios no es diferente, o Él es su aliado o entonces no sucede nada.
La situación de los creyentes es peor que la de los incrédulos, porque el creyente es tibio, frío, va a la iglesia, cumple votos, canta alabanzas, hace oraciones, pero su vida está atada. Si usted dice que tiene el Espíritu Santo, ¿por qué su vida es un infierno? Porque usted está siendo engañado. Hay un espíritu llamado anticristo que ha maldecido su vida, y para que usted sea libre es necesario que asuma su fe y se entregue de cuerpo, alma y espíritu.
Es como Dios dijo a los hijos de Jacob: “Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros”, (lea Malaquías 3:7). La persona comienza a volverse a Él cuando pasa a cumplir sus obligaciones. Y los diezmos no son nada más que las primicias de nuestras ganancias. Dios está buscando personas que sean fieles y asuman la fe.
Yo parto del siguiente principio: todo el mundo cree en Dios, pero entre creer que Él existe y ver la manifestación de su creencia hay un largo camino. Y esa es mi fe: no acepto creer en Su fidelidad y que no suceda nada en mi vida.
Que Dios bendiga a todos.

¿De quién es la culpa?

Muchas personas piden oración y dicen: “ya estoy hace mucho tiempo en la iglesia y todavía no recibí el Espíritu Santo”. Muchas personas infelizmente todavía no fueron bautizadas, pero no por culpa de Dios, porque no hay nadie que esté más interesado en que usted tenga el Espíritu Santo que el propio Dios. Él es el mayor interesado, sin embargo, él no puede violentar la voluntad de una persona.
Una cosa es tener ganas de tener al Espíritu Santo, otra es emplear toda su fuerza para recibirlo. El Espíritu Santo sólo viene cuando entregamos nuestra vida a Jesús. Nosotros estamos en estos 21 días del “Ayuno de Daniel”. Nadie está obligado, pero aquellos que están dispuestos a hacer cualquier sacrificio para ser poseídos por el Espíritu Santo van a abstenerse de todo tipo de diversión, entretenimiento, información que el mundo nos provee a través de la internet, los diarios y las revistas.
Este Ayuno no es para todos, sino sólo para los que están dispuestos a todo para recibir el Espíritu Santo. Y cuando ellas Lo reciben, se convierten en nuevas criaturas. No hay problemas de miedos, dudas o inseguridad. El Espíritu Santo suple todas nuestras necesidades. Prepárese desde ahora, deje el fardo del pasado, los pecados, proyectos, pensamientos futiles y comience a purificarse. Si tiene dolor o rencor, libérese y perdone a todos aquellos que le ofendieron. Conviértase de todo corazón, empéñese y busque con todas sus fuerzas, porque el deseo que Dios tiene de habitar en su interior es mayor que su necesidad.
Que Dios bendiga a todos.
 
saWebso