El Ayuno de Daniel

Estamos viviendo el Ayuno de Daniel. Entramos en este propósito de 21 días desde el 28 de marzo, por el derramamiento del Espíritu Santo. Estamos orando tres veces al día. Nosotros, de la Iglesia Universal, estamos en el mismo espíritu de Daniel, para que la situación caótica en la que se encuentra el mundo supuestamente “cristiano” se transforme de tal forma que haya la misma vida que había en la iglesia primitiva.

Al inicio de la iglesia primitiva, los cristianos, los que recibieron el Espíritu Santo, no tenían la biblia para predicar, no tenían al Nuevo Testamento. Lo que tenían era fe. En esa fe hablaban unos a otros sobre la resurrección de Jesús. El Espíritu Santo era tan fuerte, tan palpable en sus vidas que, cuando hablaban, el Espíritu Santo tenía plena libertad para convencer y convertir a las personas que los escuchaban. El Espíritu Santo continúa en el mundo y solamente subirá cuando la iglesia sea arrebatada.

Durante esos dos mil años, desde el primer derramamiento del Espíritu Santo, el día de Pentecostés, Él siempre estuvo en el mundo. Aún así, tuvimos la edad de las tinieblas, cuando el Espíritu Santo no tenía libertad para hablar, porque no había oídos para oír.

Nosotros creemos que el Espíritu Santo quiere actuar hoy como actuaba en los días de la iglesia primitiva. Creemos que la promesa de Dios para el derramamiento del Espíritu Santo es para nuestros días más de lo que fue en la época de los apóstoles. Estamos viendo el final de los tiempos, con los últimos acontecimientos: maremotos, volcanes, catástrofes, tsunamis, violencia y, lo peor de todo, la frialdad en el amor dentro de las iglesias evangélicas. Hay poco espíritu, poca fe, pocos fieles. ¿Cuántos han caído? ¿Cuántos hombres que eran de Dios ya no lo son más?

Con el objetivo de rescatar a los caídos, postrados, calentar a los fríos y avivar a los calientes, de traer a los que están comenzando en la fe a la plenitud del Espíritu Santo es que estamos en el ayuno de Daniel. Estamos en esta campaña con todos los pastores, obispos y obreros. No miraremos televisión, ese será nuestro ayuno, diferente.

Será un ayuno mental, inteligente, racional. Excluiremos de nuestra mente noticias que no hablen sobre la Obra de Dios y cualquier tipo de diversión, y todo lo que no habla sobre las cosas de Dios. Subiré diariamente un mensaje de fe en mi blog: www.bispomacedo.com.br/blog/es

El 17 de abril, estaré directamente desde el Cenáculo, en Jerusalén, ministrando para que todos reciban el sello de Dios. Guarde esto: así como sucedió el día de Pentecostés, el Espíritu Santo será gloriosamente derramado, en un solo espíritu, en una sola fe.

Que Dios bendiga a todos.
 
saWebso